En esa grandísima película de Christopher Nolan llamada "Origen" (Inception en inglés, que significa "comienzo") se habla del poder de las ideas, de su capacidad infinita para corromper o salvar a los seres humanos. A nadie se le escapa que el Barça de Pep Guardiola es un equipo histórico, con una capacidad casi ilimitada para sorprender a los contrarios y con una serie de recursos que impresiona. Claro que, al igual que cualquier institución o status quo, este Barça se cimenta sobre una idea alrededor de la cual se cimentan todas sus capacidades.
La Idea (y la pongo en mayúsculas porque practicamente es una idea personificada) parte en su origen del concepto de Cruyff acerca del tratamiento del balón y los jugadores que lo manejan. Los conceptos básicos son sencillos de entender pero muy dificiles de dominar, esto es: el jugador debe saber pasar el balón con eficacia en cualquier situación, y a su vez debe ser capaz de controlar el balón en cualquier situación. La ocupación de los espacios era una cuestión importante, ya que con alternativas en el pase el juego resulta mucho más fluido, sin embargo el concepto esencial se alejaba muchísimo de ser encorsetado.
Bien, aquel Barça era una maravilla porque aspiraba únicamente a meter más goles que el contrario.
El Barça actual es una maravilla porque juega y no deja jugar. Parece ser que Guardiola ha encontrado un sistema encorsetado que al desplegarse parece todo lo contrario. Y lo que es más importante, funciona. El Barça con el balón bascula sin cesar, proponiendo básicamente dos formas de atacar: rotura por el centro con pases rápidos (o jugada individual si le cae el balón a Messi) o apertura a las bandas con los hombres que se incorporan desde segunda línea ( o los laterales). Sin embargo a diferencia del Barça de Cruyff, este si que le da una importancia primordial a la ocupación de espacios y no solo para tener alternativas en el pase, sino para tener la capacidad de replegar y contraer el equipo en caso de pérdida de balón.
Aquí tenemos por fín el corsé defensivo como arma arrojadiza.
No se trata de una idea romántica, no se trata de una invención fascinante, se trata simple y llanamente de una fórmula casi perfecta para ganar que inquieta y medio emboba, pero que al final, resulta como cualquier otra idea simple, una cuestión de quien la ejecuta.
Personalmente, me quedo con aquella Idea (esta sí, romántica) de ese ataque un tanto alocado pero bellísimo en el que la esencia no tenía tanto que ver con el resultado, y el concepto se perdía y se encontraba en el infinito, porque en el fondo, lo importante era eso, la Idea.





