Parece que en las últimas fechas nos estamos encontrando con un Real Madrid que ha ganado en velocidad, en constancia defensiva y, por encima de todo, en confianza. Este cambio puede ser atribuido a Mourinho en tanto en cuanto se ha ido gestando a partir de su llegada. Sin embargo no hay que olvidar que, por otra parte, se han fichado jugadores que están aportando no solo un plus más de intensidad al juego desplegado con respecto a otros años, sino que además han apuntillado el defecto de la falta de precisión. Se pudo ver en Murcia que por ejemplo jugadores como Diarra o Granero están metidos aún en el magma de estar pensando en el siguiente pase sin haber controlado el que les llega. Esto genera el ya mítico control hacia arriba que hace que te comas el balón y pierdas segundos que son VITALES.
En un club como el Madrid hay cosas que deben ser obligatorias. No es tolerable que un jugador pierda balones por hacer un mal control en el centro del campo, no es tolerable que se fallen pases de dos metros y no es tolerable que los encargados de fichar no vean de antemano que sus compras tienen la tara de la imprecisión. Uno compra un Ferrari porque es un coche bonito y veloz, además de preciso. A los ingenieros de la marca italiana no se les olvida jamás poner frenos en sus máquinas. No todo está en la carrocería.

