sábado, 9 de octubre de 2010

COMPETIR O JUGAR

La selección jugó anoche un partido de esos en los que parece que el rival sólo le tiene miedo a la goleada en contra y se da por vencido desde el primer minuto. Me pregunto como debe sentirse un jugador profesional de fútbol cuando, en la charla técnica previa al partido, el entrenador le dice que nada de jugar. Solo vale tapar hueco y esperar.
En un sentido moral, siempre he tenido la impresión de que los equipos que salen a defender olvidándose del balón hacen un uso miserable del juego, precisamente porque se olvidan por complejo del factor sorpresa que tan romanticos tientes les da a este deporte y prefieren el dictamen rancio de la competición.
Ése es un factor que me parece totalmente censurable porque, en su ansia de mantener el resultado, esos son los equipos que acaban dando más patadas y siendo más violentos.
Lo que no tengo tan clara es ésa nueva moda del elitismo futbolístico. El toque continuado, la apertura a bandas y la presión en campo contrario son el nuevo santo y seña. Ese es el juego extraordinario según muchos. Me parece magnifico, pero no hay que olvidar que el fútbol es el gol. Cualquier vía es buena para conseguirlo, pero mi receta ideal sería la siguiente: posesión, velocidad y verticalidad. Muchos me llamarán romántico pero me apetecería que de una vez por todas se incluyera el ataque fanático como una forma de buen juego.

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