El Madrid se quejó ayer (vease la foto adjunta, en la que Marcelo parece no creer lo que ven sus ojos) de un arbitraje poco menos que nefasto. Estoy de acuerdo. Sin embargo entiendo que no es tarea del Madrid hacerlo público. Bajo mi punto de vista los equipos grandes no deben hablar de arbitrajes jamás (ellos ya saben porqué). El partido fué entretenido por momentos, ya que el Dinamo fué bastante valiente y, liándose la manta a la cabeza, decidió no atrincherarse y buscar las espaldas de los centrales rojos (nada comentaré acerca de la nueva equipación del Madrid).
El martes asistí entre bostezos al partido del Barça, que volvió a realizar un partido ramplón y aburrido. No entiendo como un equipo con tantísimo talento se empeña en ocasiones en mostrar un juego tan poco profundo. Hace tres meses me dejaron maravillado con la final de Champions mejor planteada que he visto en mi vida. No entiento este cambio tan encorsetado.
Mucho me temo que las manías defensivas de Guardiola nos están privando de un mayor espéctaculo.
Y para los que se estén llevando las manos a la cabeza una sencilla explicación: defender con el balón sigue siendo defender. No me parece ni fascinante, ni revolucionario, ni definitivo. Simplemente es una forma como otra cualquiera de ser rácano. Puestos a elegir, prefiero un ataque fanático en el que los riesgos sean asumidos.
Lo único irreal del discurso del Madrid es la teoría del árbitro. Aunque algunos lo vean muy claro, las persecuciones ya no exiten. Lo único real es la frustración. Cuando el Madrid visite la consulta del psicologo y deje atrás sus manías comenzará una nueva era. Mientras tanto, el Barça seguirá haciendo rondos.
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No me importa del equipo que seas. Me importa que respetes a los equipos rivales. Gracias.